Síntomas de la intolerancia a la lactosa en el bebé​

La intolerancia a la lactosa causa síntomas digestivos en bebés, niños, adolescentes y adultos que consumen leche. Se trata de una alteración que disiminuye la capacidad del organismo para digerir la lactosa, un tipo de azúcar presente en la leche, dificultando el tránsito intestinal en su conjunto y en ocasiones causando molestias asociadas, como dolor.

Si te preguntas cómo saber si tu bebé es intolerante a la lactosa, un buen punto de partida es conocer los principales síntomas de esta alteración. Aunque es bastante habitual ser intolerante a la lactosa en algún grado y ello no suele suponer problemas serios, si percibimos síntomas en nuestro bebé será importante consultar a un especialista en medicina y limitar el consumo de alimentos con lactosa.

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Los síntomas de la intolerancia a la lactosa se producen normalmente en las dos horas que siguen a la ingesta de leche. Estos afectan al aparato digestivo, produciendo alteraciones en el tránsito intestinal y en las deposiciones, además de dolor y malestar asociados.

1. Diarrea

La diarrea es uno de los principales síntomas de la intolerancia a la lactosa en bebés o a cualquier otra edad. Las personas que no toleran bien la leche tienden a defecar heces blandas o líquidas cuando la consumen, aunque en muchos casos esto no sucede si la cantidad de lactosa ingerida es pequeña.

La diarrea provocada por intolerancia a la lactosa en bebés tiende a ser de un color verdoso, así como difícil de expulsar. Si se produce de forma habitual suele causar irritación en el ano y otras molestias relacionadas.

2. Estreñimiento

El estreñimiento es un síntoma menos habitual que la diarrea en los bebés con intolerancia a la lactosa, pero también es una consecuencia relativamente común de la ingesta de leche en pequeños que no la toleran bien.

Los problemas para defecar y la acumulación de materia fecal pueden llegar a causar inflamación, dolor y otros síntomas, como veremos más adelante. También es común la asociación entre el estreñimiento y la diarrea por rebosamiento, tanto en el contexto de la intolerancia a la lactosa como fuera de éste.

3. Náuseas, regurgitación y vómito

Otro síntoma típico en bebés intolerantes a la lactosa son los eructos, las náuseas y las regurgitaciones al consumir leche. Con frecuencia las náuseas llevan al vómito, y por tanto si el bebé arroja cuando come leche podríamos sospechar de una intolerancia a la lactosa.

4. Gases y flatulencias

Los bebés con intolerancia a la lactosa con frecuencia sufren problemas relacionados con la producción excesiva de gases cuando toman leche. Además, y a causa de las dificultades digestivas propias de la intolerancia a la lactosa, estos gases suelen ser más flatulentos de lo habitual.

5. Sonidos intestinales

El movimiento de gases y de líquidos en el intestino produce sonidos intensos en algunas circunstancias; una de ellas es el consumo de lactosa en personas intolerantes a esta sustancia, que como decíamos previamente altera el tránsito intestinal. “Borborigmo” es el nombre técnico de los sonidos intestinales asociados a movimientos digestivos.

6. Hinchazón del vientre

La acumulación de gases y la tensión en la musculatura del aparato digestivo llevan muchas veces a la hinchazón del vientre en bebés con intolerancia a la lactosa que consumen leche.

Los calambres abdominales son otro síntoma habitual de la intolerancia a la lactosa en bebés que se asocia a la hinchazón en esta zona. Estos calambres pueden provocar un dolor considerable al pequeño.

7. Dolor abdominal y cólico

El dolor abdominal es bastante frecuente como síntoma de la intolerancia a la lactosa. Se produce a causa de algunas de las alteraciones que hemos mencionado, como la tensión abdominal y el estreñimiento.

Por otro lado los cólicos son más comunes en bebés con intolerancia a la lactosa que en los que no tienen este problema. Los cólicos son episodios de dolor causados por la contracción de los músculos y los órganos del aparato digestivo.

síntomas de la intolerancia a la lactosa en bebés
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Sólo entre el 5% y el 10% de los cólicos están causados por problemas mayores; los más habituales son el dolor causado por problemas gastrointestinales (como estreñimiento, reflujo gástrico o alergias alimentarias), las migrañas, las infecciones en diferentes partes del organismo o las dificultades para respirar causadas por alteraciones en el aparato respiratorio.

Los síntomas que pueden alertar a los padres de la posibilidad de una alteración subyacente de mayor gravedad incluyen dificultades para el aumento de peso del bebé, problemas relacionados con las deposiciones (por ejemplo, diarrea con sangre o mucosidad), incremento de la temperatura corporal, somnolencia excesiva y falta de energía (Roberts, Ostapchuk y O’Brien, 2004). 

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El manejo de los síntomas de intolerancia a la lactosa depende en gran medida de la severidad del problema en el caso particular de nuestro bebé. Como decíamos al principio del artículo, muchas personas tienen problemas para digerir la lactosa en algún grado; a veces esta dificultad no supone mayores problemas, pero en otras llega a causar un malestar significativo.

A causa de esta variabilidad en los síntomas, en ocasiones será útil eliminar la leche totalmente de la dieta mientras que en otras una reducción moderada de la cantidad de lactosa consumida puede resultar suficiente para prevenir la aparición de síntomas.

En mayor o menor medida, por tanto, será relevante para el niño evitar o moderar el consumo de leche y de productos lácteos. Algunos ejemplos de alimentos que pueden desencadenar síntomas digestivos en personas con intolerancia a la lactosa son el queso, la mantequilla, el yogur, el helado, el flan o la crema -tanto los que se producen con leche de vaca como con la de otros animales-.

Por otro lado, existen opciones sin lactosa para bebés y niños con intolerancia a este tipo de azúcar.que hacen posible consumir productos lácteos sin riesgo de que aparezcan síntomas.

En este sentido es importante fijarse bien en el contenido de los alimentos que compramos, de manera que nos aseguremos de que el pequeño no consumirá lactosa. Por ejemplo, muchas papillas, galletas y otros productos para bebés contienen lactosa; se recomienda priorizar los alimentos basados en cereales para prevenir incidentes.

Asimismo, habrá que asegurar que el pequeño consume suficiente calcio, un nutriente típicamente ingerido a través de la leche y de productos derivados. Algunas fuentes de calcio alternativas son el brócoli, la col rizada, las espinacas, las zanahorias, las alubias, las almendras y algunos pescados azules, como el salmón y las sardinas.

Con tal de determinar de forma acertada la gravedad de la intolerancia a la lactosa en nuestro bebé, lo mejor que podemos hacer es consultar a un médico. Un especialista podrá examinar los síntomas concretos del pequeño y orientar el método de manejo más apropiado para prevenirlos.

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  • Heyman, M. B. (2006). Lactose intolerance in infants, children and adolescents. Pediatrics, 118(3): 1279-1286.
  • Suchy, F. J.; Brannon, P. M.; Carpenter, T. O.; Fernández, J. R.; Gilsanz, V.; Gould, J. B.; Hall, K.; Hui, S. L.; Lupton, J.; Mennella, J.; Miller, N. J.; Osganian, S. K.; Sellmeyer, D. E. & Wolf, M. A. (2010). NIH consensus development conference statement: Lactose intolerance and health. NIH Consensus and State-Of-The-Science Statements (Consensus Development Conference, NIH. Review), 27(2): 1-27.

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Patricia Pérez Solá

Enfermera Matrona

Diplomada en Enfermería (UCLM).

Patricia ha formado parte de distintos servicios de enfermería, neonatología y matrona de varios hospitales de Madrid y Toledo.

Actualmente ejerce en el Hospital Virgen de la Salud.

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